Si se
reconoce la cultura como una trama de significaciones en la que los sujetos
inscriben y dan sentido a sus prácticas[1],
es posible comprender que el estudio y la formalización de cualquier proceso de
comunicación se articulan con la cultura en la que ocurre. En este punto, la
reflexión teórica sobre la noticia incluye también los sentidos de la cultura
del espacio público y de las prácticas ciudadanas.
Entendida
como proceso de retroalimentación, la comunicación reconoce al público como
actor en la producción de significados. Éste da sentido a los mensajes a través
de la propia subjetividad, de su inserción en una sociedad y una cultura
determinadas[2]. “El lector de diarios (…) elige su diario
según sus intereses, sus prejuicios y sus pasiones, pero también el diario
escoge a sus lectores, hay una mutua selección y una mutua adaptación”[3].